Los docentes, en el aula ¿Debemos ser tolerantes con estudiantes MALCRIADOS? Los maestros estamos formados para interactuar académicamente y no para cumplir el rol de los padres.
Ministerio de Educación | Educación Básica Regular | Convivencia Escolar | Conducta en aula
¿Debemos ser tolerantes con estudiantes malcriados en el aula?
Reflexiones críticas sobre los límites del rol docente
Consideraciones para el año escolar lectivo 2026
UNESCO (2021), “los entornos educativos con normas débiles generan inseguridad, disminuyen la motivación y afectan el bienestar de estudiantes y docentes”
En los últimos años, y con mayor énfasis en el contexto escolar reciente, muchos docentes de la Educación Básica en el Perú se enfrentan a una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hasta qué punto debemos ser tolerantes con estudiantes que presentan conductas irrespetuosas o malcriadas en el aula? Esta interrogante no busca justificar prácticas autoritarias, sino reflexionar sobre los límites reales del rol docente en un sistema educativo que, con frecuencia, traslada a la escuela responsabilidades que corresponden a la familia y a la sociedad.
La tolerancia mal entendida
La tolerancia es un valor fundamental en la convivencia democrática; sin embargo, cuando se confunde tolerancia con permisividad, se desdibuja el sentido formativo de la educación. Como advierte Savater (1997), “educar no es consentir, sino enseñar a vivir con los otros bajo normas compartidas”. En este sentido, permitir conductas irrespetuosas bajo el argumento de la inclusión o la comprensión emocional termina afectando el clima escolar y el derecho de los demás estudiantes a aprender en un entorno seguro.
La escuela no puede convertirse en un espacio donde toda conducta es justificable. El respeto no es negociable y constituye la base de cualquier proceso pedagógico.
El rol del docente: formador, no reemplazo parental
Los docentes estamos formados para enseñar, orientar y evaluar aprendizajes, no para asumir el rol de padres o cuidadores primarios. Si bien la educación es una tarea compartida, la responsabilidad de la formación en valores básicos —respeto, normas de convivencia, autocontrol— recae principalmente en la familia.
Tenti Fanfani (2007) sostiene que “cuando la escuela asume funciones que la familia ha abandonado, se produce una sobrecarga institucional que debilita su eficacia pedagógica”. Esta sobrecarga se manifiesta cuando el docente debe invertir más tiempo en controlar conductas disruptivas que en desarrollar aprendizajes significativos.
Disciplina formativa sí, permisividad no
El enfoque actual de convivencia escolar promueve una disciplina con sentido formativo, lo cual es necesario y pertinente. Sin embargo, ello no implica renunciar a la autoridad pedagógica. El Ministerio de Educación del Perú señala que la convivencia escolar debe sustentarse en normas claras, consensuadas y aplicadas con coherencia (MINEDU, 2023).
Ser tolerantes no significa aceptar faltas de respeto, agresiones verbales o desobediencia constante. Significa intervenir pedagógicamente, establecer límites y promover la autorregulación, sin violencia, pero con firmeza.
Consecuencias de la permisividad en el aula
Diversos estudios advierten que la ausencia de límites claros afecta tanto el aprendizaje como la formación socioemocional. Según UNESCO (2021), “los entornos educativos con normas débiles generan inseguridad, disminuyen la motivación y afectan el bienestar de estudiantes y docentes”. En estos contextos, el docente pierde autoridad simbólica y el aula se convierte en un espacio de tensión constante.
Además, la permisividad refuerza conductas inadecuadas, pues el estudiante aprende que no existen consecuencias reales para sus actos.
Reflexión final
Los docentes no debemos ser intolerantes, pero tampoco excesivamente tolerantes con conductas que vulneran la convivencia escolar. Educar implica poner límites, orientar y corregir con sentido pedagógico. Exigir respeto no es autoritarismo; es responsabilidad profesional.
La escuela necesita recuperar el equilibrio entre empatía y firmeza, entre comprensión y exigencia. Para ello, es indispensable que el sistema educativo, las familias y la sociedad reconozcan que el docente no reemplaza a los padres, sino que complementa su labor.
Defender la autoridad pedagógica del docente es defender el derecho a una educación de calidad y a una convivencia escolar saludable.
Referencias bibliográficas:
MINEDU. (2023). Lineamientos para la gestión de la convivencia escolar. Ministerio de Educación del Perú.
Savater, F. (1997). El valor de educar. Ariel.
Tenti Fanfani, E. (2007). La condición docente. Siglo XXI Editores.
UNESCO. (2021). Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación. UNESCO.
